Opinión
empresaria: la vida del empresario argentino pyme en los tiempos
de crisis
Por Alejandro Franco (afranco@sistemaisis.com)
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de la sección opinión empresaria
Crisis significa inestabilidad. Si usted
fuera el capitán de un barco, equivaldría al
surgimiento de una tormenta repentina en medio del mar, en
donde la visibilidad (y la certeza) se pierden, y resulta
imprescindible tomar medidas de emergencia a cada momento
para superar la situación y llegar - cuando menos
- a una situación con clima despejado.
Prosiguiendo con la analogía del barco
en medio de la tormenta, en las épocas de crisis en
donde se apela a la experiencia y el profesionalismo.
Esto implica aplicar recetas probadas por el piloto, o al
menos tomar decisiones racionales de acuerdo a su criterio.
Pero - sorprendentemente - en el caso del empresariado
pyme argentino, un grueso porcentaje de dirigentes se dedica
a improvisar mal o a replicar recetas ajenas que no son acordes
a la envergadura de su empresa.
Lo más curioso de este caso es que la
dirigencia se dedica a arriesgar en las épocas difíciles,
cuando habitualmente resulta extremadamente conservadora en
situaciones de calma. Vale decir, ingresan en una pendiente
de desesperación y comienzan a realizar apuestas muy
altas e inusuales metiéndose en terrenos inexplorados
cuando presienten que están llegando al borde del precipicio.
Cuando la tormenta amaina, el tendal de pymes fenecidas se
cuentan por centenares.
Si bien crisis suele ser sinónimo
de oportunidad, en algunos casos equivale a improvisación
que puede costarle la vida a su empresa. El tema pasa
por el desarrollo del músculo decisorio. El grueso
de las pymes argentinas tiende a ser comercialmente rutinaria
en épocas de estabilidad, y esto conlleva un grado
de rigidez gerencial que se termina pagando cuando las aguas
se agitan. Si el empresario no mantenía políticas
comerciales activas cuando estaba todo bien, se ve obligado
a decidir - algo para lo cual no está acostumbrado
- cuando el mercado se enturbia.
Hay un par de ejemplos típicos que pueden
demostrar el punto. El primero (y más obvio) es
el tema de la publicidad. En épocas de tranquilidad
es realmente raro que el empresariado pyme investigue y pelee
por ampliar su porción de mercado. Lo habitual es ingresar
en una rutina de pedidos y ventas, y estar acostumbrado a
un ciclo de altibajos de acuerdo a la demanda según
la temporada. Eso no quita de que haya empresarios emprendedores
- usualmente los líderes del mercado -, pero
la inmensa mayoría permanece estancada y satisfecha
con la porción de torta que le corresponde. Cuando
ésta comienza a ser amenazada - la demanda baja, los
costos se encarecen -, ingresan a una espiral de desesperación.
Y como usualmente estas pymes no cuentan con una dirigencia
profesional, comienzan las costosas improvisaciones. P.ej.
en vez de haber salido a captar más clientes en momentos
de estabilidad, empiezan a hacerlo cuando comienzan a perderlos.
Desde campañas de publicidad hasta promociones no demasiado
estudiadas confeccionadas por dirigentes que nunca han emprendido
movidas de ese tipo. El resultado final va de lo blando a
lo negativo, y no compensa los costos realizados.
El otro ejemplo pasa por la renovación
de equipos. Mientras que lo usual es explotar maquinarias
que han pasado su punto de obsolescencia, cuando las cosas
comienzan a ir mal, la competencia - más moderna tecnológicamente,
y con un mayor control de los costos de producción
- termina por devorarlos. Salen a pedir préstamos
- en el momento en que resultan más caros -
con tal de mantenerse en carrera, pero los ingresos en baja
no alcanzan a compensar los costos que genera semejante inversión
en ese momento en particular.
Y es que en realidad el tema pasa por una
cuestión de ejercicio decisorio. El empresario
pyme no precisa llegar al límite para jugar sus fichas
como si fuera un casino. En los ejemplos mencionados, era
imprescindible de que probara campañas de publicidad
y máquinas nuevas en momentos de estabilidad, como
para llegar a la crisis con el expertise necesario y saber
cómo actuar.
En la vida comercial de una empresa hay
momentos de expansión y momentos de supervivencia.
La expansión viene en épocas de vacas gordas
(o estabilidad), y en donde se pueden probar recetas con un
margen tolerable de fallo. En las crisis, se debe apelar a
la experiencia e innovar dentro del margen de lo seguro. Su
empresa puede mantener el status quo, aún reduciendo
ganancias pero sin generar pérdidas, y esperando a
la recuperación del mercado. Puede embarcarse en
innovaciones, pero dentro de ciertos límites que sean
tolerables si la experiencia fracasa. Por ejemplo, en vez
de jugarse a una multitudinaria campaña publicitaria,
puede probar con marketing de guerrilla - económico
y manejable - dentro de los límites que su presupuesto
le permite. Una gran cantidad de empresas ha sobrevivido
muy bien las crisis pasadas, aplicando recetas económicas:
desde la promoción y desarrollo de una línea
productos más baratos, publicitándolos por medios
económicos, o incursionando en Internet - que en Argentina
sigue siendo un mercado poco explorado y donde las campañas
no resultan costosas -. Lo concreto es que, tal como el
capitán de un barco, uno no puede tomar decisiones
completamente innovadoras al momento de que la crisis estalla.
Cuando la situación es inestable, debe primar su experiencia.
Sea creativo, innove, pero no se embarque en un proyecto
faraónico que nunca hubiera puesto en marcha en situaciones
de mayor tranquilidad. Genere recetas económicas
y efectivas, busque lo masivo de la manera más barata
posible, pero no ponga en riesgo el futuro de su empresa metiendose
en territorio inexplorado. Si usted innova en la crisis y
lo hace de manera poco costosa y eficiente, es el primer paso
para expandirse cuando llegue la recuperación. Lo
que debe considerar es que, si una crisis lo ha agarrado muy
mal, usted en realidad está pagando los costos de su
inmovilidad decisoria en épocas anteriores en donde
experimentar era posible. Ahora procure minimizar pérdidas
y sobrepasar la tormenta, para después reflexionar
sobre por qué su empresa estaba mal preparada para
resistir la debacle, y comenzar a generar el cambio a futuro
para que el error no se repita. |